Miguel Vargas busca unificar la oposición; lo que no pudo hacer en su partido

Santo Domingo.– El presidente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), Miguel Vargas Maldonado, vuelve a colocarse en el centro de las conversaciones para intentar articular una gran alianza opositora de cara a las elecciones de 2028, mientras la organización que dirige llega a este proceso con una presencia electoral reducida y después de años de divisiones y pérdida de dirigentes.

Vargas reveló que mantiene reuniones y contactos con líderes y sectores de oposición para procurar un frente común, bajo el argumento de que las distintas fuerzas deben superar sus intereses particulares y encontrar un punto de equilibrio. “Todos los que están en la oposición quieren encabezarla, pero no puede ser así”, sostuvo.

La iniciativa, sin embargo, coloca sobre la mesa una paradoja política: Miguel Vargas pretende ahora unificar a toda la oposición, después de no poder evitar el prolongado proceso de división y debilitamiento del partido que preside.

El PRD, que durante décadas ocupó uno de los principales espacios del sistema político dominicano, ha visto marcharse a importantes dirigentes y sectores que terminaron formando o fortaleciendo otras organizaciones políticas. Mientras Vargas procura convertirse en un punto de equilibrio entre las diferentes fuerzas opositoras, su propia organización continúa intentando reorganizarse. El PRD informó en septiembre que había alcanzado alrededor del 97 % de su proceso de reorganización interna.

La magnitud del retroceso político también queda reflejada en las mediciones disponibles. En la encuesta Gallup-Diario Libre publicada en mayo de 2026, Miguel Vargas obtuvo 0.5 % cuando se midió la preferencia presidencial entre dirigentes de partidos minoritarios, mientras el 92.4 % respondió “ninguno”.

Ahora Vargas apuesta por una nueva alianza opositora y sostiene que la división podría favorecer la permanencia del oficialismo. El dirigente ya había planteado en julio la necesidad de construir una coalición para 2028 y, en septiembre, el PRD autorizó formalmente el inicio de contactos con partidos, movimientos y otros sectores para construir una plataforma política y programática común.

El desafío para Vargas no está solamente en sentar a la oposición en una misma mesa, sino en explicar cómo una organización que durante años perdió fuerza, dirigentes y protagonismo pretende ahora convertirse en articuladora de las demás fuerzas opositoras.

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