Por Manuel Santos Mercedes
Santo Domingo.– La acumulación de basura, la falta de educación ciudadana y la deficiente gestión de los ayuntamientos han quedado nuevamente en evidencia tras las recientes vaguadas que han impactado distintas provincias y municipios de la República Dominicana, generando inundaciones, obstrucción de drenajes y afectaciones a infraestructuras clave.
Uno de los casos más alarmantes se registró en Santo Domingo Este, donde el acueducto Barrera de Salinidad tuvo que ser sacado de servicio debido a la enorme cantidad de desechos sólidos acumulados en su sistema de captación. Entre los residuos encontrados se incluyen troncos, botellas plásticas, vasos desechables y otros desperdicios que bloquearon el flujo del agua, obligando a las autoridades a intervenir con equipos pesados y buzos especializados.
La situación no solo puso en riesgo el suministro de agua potable para miles de residentes, sino que evidencia una problemática más profunda: la combinación de prácticas irresponsables por parte de ciudadanos y la incapacidad de las autoridades municipales para garantizar una recolección eficiente de los residuos.
En el Distrito Nacional, el panorama no es distinto. Cada episodio de lluvias intensas deja al descubierto calles anegadas, cañadas saturadas de basura y filtrantes tapados, lo que impide el drenaje adecuado del agua y agrava las inundaciones urbanas.
Esta realidad se repite en sectores vulnerables cercanos al río Ozama, históricamente afectados por la contaminación y el vertido indiscriminado de desechos sólidos.
Expertos y ciudadanos coinciden en que el problema no es únicamente estructural, sino también cultural.
La falta de educación ambiental continúa siendo un factor determinante en la disposición inadecuada de residuos, mientras que los ayuntamientos no logran establecer mecanismos sostenibles de limpieza, prevención y fiscalización.
La crisis de la basura, lejos de ser un tema estético, se ha convertido en un asunto de seguridad sanitaria, ambiental y de gestión pública. Cada vaguada no solo pone a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades, sino que deja al descubierto un sistema que aún no logra responder con eficiencia a una problemática que se repite año tras año.
Lo ocurrido con el acueducto Barrera de Salinidad no es un hecho aislado, sino una señal clara de que el país enfrenta una situación que debe ser atendida con urgencia, combinando educación ciudadana, sanciones efectivas y una verdadera transformación en la gestión municipal.

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