Por Manuel Santos Mercedes
Santo Domingo. — Las recientes declaraciones de la nueva embajadora de Estados Unidos en República Dominicana, Leah Francis Campos, revelando que la administración de Joe Biden presionó para que la frontera dominico-haitiana permaneciera abierta, han generado un intenso debate político y diplomático. Sin embargo, más allá del impacto de sus palabras, la situación confirma un hecho clave: el gobierno del presidente Luis Abinader se mantuvo firme y frenó esas intenciones de Washington, priorizando la soberanía nacional y la seguridad fronteriza.
De acuerdo con lo expuesto por la diplomática estadounidense, durante la gestión Biden existió un interés especial en que República Dominicana mantuviera el tránsito abierto con Haití, aun en medio de la escalada de violencia, el control territorial de las bandas armadas y el colapso institucional del vecino país.
El argumento de Washington —según Campos— estaba vinculado a facilitar movimientos migratorios y humanitarios en la región.
No obstante, la postura dominicana fue contundente.
Firmeza del Gobierno dominicano
Desde el inicio de la crisis en Haití, el presidente Luis Abinader sostuvo una política clara:
la frontera se administra en función de la seguridad nacional, no por presiones extranjeras.
Durante los momentos más críticos del conflicto haitiano, el Gobierno dominicano cerró pasos fronterizos, reforzó con miles de militares el cordón fronterizo, activó la verja perimetral inteligente y endureció los controles migratorios. Estas decisiones contrastaron directamente con las sugerencias de la Casa Blanca.
Incluso, en múltiples intervenciones públicas, Abinader reiteró que República Dominicana no cargará con Haití, mensaje que se convirtió en una línea oficial de Estado. Bajo esa visión, el Gobierno dominicano evitó que las presiones externas influyeran en su política fronteriza.
Soberanía por encima de intereses internacionales
El manejo del tema haitiano se convirtió en una prueba diplomática para Santo Domingo.
En un contexto donde Estados Unidos es un socio estratégico y el principal aliado comercial del país, la decisión dominicana de mantener controles estrictos en la frontera significó un mensaje claro: la soberanía no es negociable.
Analistas locales destacan que, si bien Washington buscaba una postura más flexible, el gobierno de Abinader logró mantener una relación bilateral estable aun rechazando abiertamente esas solicitudes.
La firmeza dominicana permitió modular el discurso estadounidense y obligar a replantear el enfoque sobre Haití, especialmente con la llegada de nuevas autoridades diplomáticas.
La frontera como prioridad nacional
La postura del Gobierno dominicano se sustentó en razones de seguridad, economía y manejo migratorio:
La expansión de las bandas armadas haitianas
La falta de control institucional en Puerto Príncipe
El riesgo de desbordamiento migratorio
La protección de los mercados y áreas productivas fronterizas
La capacidad limitada de RD para absorber crisis humanitarias
El cierre temporal de fronteras, la construcción de la verja fronteriza, la implementación de sistemas biométricos y el fortalecimiento de la Dirección General de Migración fueron respuestas concretas del Estado para mantener el control, pese a los desacuerdos con Washington.
Un capítulo que redefine la política exterior dominicana
Las revelaciones de la embajadora Leah Campos no solo destapan una discrepancia diplomática, sino que consolidan la narrativa de que la República Dominicana asumió una posición firme frente a uno de los gobiernos más influyentes del mundo.
En un escenario regional marcado por la inestabilidad haitiana, el gobierno de Abinader dejó claro que las decisiones sobre la frontera se toman en el Palacio Nacional, no en Washington.

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