Los pueblos tienen el deber y la responsabilidad con la memoria histórica, de construir, levantar o edificar mausoleos, que están definidos, como espacios dedicados a honrar, recordar y rendir tributo a figuras insignes, que han sido protagonistas de los episodios dorados de su historia. En este lugar sagrado se conmemora el sacrificio, se celebra el legado y además, sirve para homenajear a sus héroes y heroínas. En la República Dominicana, tenemos el Panteón de la Patria, ubicado en la margen oriental de la Zona Colonial, una majestuosa edificación que data del siglo XVIII.
La ley número 4463 del 2 de junio de 1956 establece que el edificio conocido con el nombre de templo de San Ignacio de Loyola o iglesia de los Jesuitas, situado en la antigua calle Colón (Hoy calle las Damas) se consagra como Panteón de la Patria. Esta legislación, además, establece que este lugar estará dedicado especialmente a guardar los restos de los próceres, de los grandes valores humanos que han aportado a la dominicanidad, para que nuestros héroes y heroínas descansen en un ambiente solemne y sacrosanto. En el congreso nacional, han circulado varias iniciativas legislativas tendentes a modificar la ley precitada, sobre todo, para que el traslado de las personas ilustres, cuya vida haya dejado huellas indelebles en la sociedad, se formulen mediante una ley emitida por el Poder Legislativo.
Es importante citar, que el Panteón de la Patria, templo sagrado y fervoroso, que alberga los protagonistas que han escrito con tinta dorada las columnas patrióticas de nuestro pueblo, está adscrito al centro histórico de la Zona Colonial, que fue declarada el 8 de diciembre de 1990 por la Organización de la Naciones Unidas para la Educación y la Cultura UNESCO, como patrimonio de la humanidad, que es el legado que heredamos del pasado, con el que vivimos hoy en día, y que transmitiremos a las generaciones futuras, que constituyen una fuente irremplazable de vida y de inspiración, como lo expresa esta dependencia de la ONU.
El presidente de la república Luis Abinader emitió el 20 de junio de 2023 el decreto número 214-23, que tiene como única finalidad, traspasar al Ministerio de Cultura las funciones administrativas y protocolares del Panteón de la Patria. Y como hemos aprendido de José Martí, “Honrar, honra”, tenemos que ponderar esta acertada decisión, sobre todo, por la gestión positiva del Arquitecto Gustavo Ubrí y el equipo operativo que le acompaña. Siempre que tenemos la oportunidad de participar en los actos que realiza Efemérides Patrias en el Panteón, viene a mi memoria, el permanente esfuerzo del encargado de protocolo, el maestro Jacinto Mañón, en procurar que no se diga “Panteón Nacional”, pues es incorrecto, porque el decreto número 25-00 del 26 de enero del 2000 restituyó el nombre original que contempla la ley número 4463. La verdad es, que han realizado una labor extraordinaria, especialmente, en la particularidad del ritual patriótico y religioso de las actividades propias de exaltación de las figuras de la Independencia Nacional de 1844, de la gesta restauradora de 1863, de los grandes mártires y próceres civiles de la nación.
El Panteón de la Patria, como dice el presidente de la Comisión Permanente de Efemérides Patrias, Juan Pablo Uribe, “Tiene la doble condición, la peculiaridad, la dualidad, de ser un templo de carácter patriótico y a la vez, ser un santuario de la religiosidad”. Estamos de acuerdo con este enunciado, porque este recinto, lugar gratificante y acogedor, revestido del escenario tricolor y majestuoso de la dominicanidad, que alberga bajo sus alas, los forjadores de los sueños inmortales de la nación, es utilizado por diversas instituciones para conmemorar y recordar a los responsables de mantener viva la llama votiva de la dominicanidad. Además, este templo sagrado, santuario esplendoroso, salón de ceremonial litúrgico, donde cada mes se realiza una misa de acción de gracias, en la cual, mediante esta ritualidad eclesiástica, damos gracias a Dios, por acompañar al pueblo dominicano en todas las batallas, desafíos y conspiraciones, en las que se ha puesto a prueba la soberanía nacional, la integridad territorial y nuestra nacionalidad, que será siempre la dominicana.
Finalmente, quiero enviar un mensaje directo a las presentes y futuras generaciones, para que visiten el Panteón de la Patria, pues el solo hecho, de entrar en la sala augusta de este templo, es motivo para que el espíritu sienta y se empodere del sentimiento patrio. Recordemos siempre al apóstol de la dominicanidad, que expresó: “Dios ha de concederme bastante fortaleza para no descender a la tumba sin dejar a mi Patria libre, independiente y triunfante” En el Panteón de la Patria, recinto sagrado de la dominicanidad, los héroes y heroínas de la nación, han abrazado esta sentencia del dominicano de la mente mejor amueblada, el mas noble, nuestro Padre de la patria, Juan Pablo Duarte.
Juan Alberto Michel G.
Abogado.

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