Ministerio de la Mujer es cuestionado por promover discursos de confrontación, no de reconciliación; piden cambio

Santo Domingo.– En medio de una nueva ola de feminicidios que ha sacudido al país en menos de una semana, voces ciudadanas se han alzado para cuestionar el enfoque del Ministerio de la Mujer, al que acusan de promover mensajes que fomentan el rechazo y el enfrentamiento entre hombres y mujeres, en lugar de impulsar una cultura de orientación, comprensión y reconciliación.

Los más recientes casos de violencia de género, que dejaron como saldo tres mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas, y una menor gravemente herida, han vuelto a colocar en el debate público la efectividad de las campañas institucionales destinadas a prevenir este tipo de crímenes.

La madrugada del miércoles, Edilenia Martínez Custodio, de 28 años, fue asesinada a puñaladas por su pareja, Yudeuris Marte del Rosario, en Monte Plata. El agresor, quien ya había sido denunciado por violencia de género contra la misma víctima, también hirió de gravedad a una hija menor de edad de Edilenia.

Un día antes, en Mata Gorda, Hansel Antonio Solís García, de 38 años, asesinó a tiros a su excompañera sentimental Roselin Fortunato, de 24 años, hirió a su exsuegra y luego se suicidó. Según testigos, Solís irrumpió armado en la vivienda y sostuvo una fuerte discusión con la joven antes de dispararle.

Y el domingo 27 de julio, en Capotillo, Nesla Garson, una joven haitiana de 19 años, perdió la vida tras una brutal golpiza propinada por su pareja, Galbeltho Morland, durante una discusión doméstica. La víctima murió por severos golpes en la cabeza y el rostro.

“Campañas vacías y sin orientación”

Consultadas por este medio, diversas personas expresaron que el Ministerio de la Mujer no está abordando el problema con una estrategia integral. Alegan que en lugar de promover la armonía, el respeto mutuo y el acompañamiento emocional para prevenir la violencia en el núcleo familiar, las campañas institucionales parecen centrarse en la confrontación, sin ofrecer alternativas reales de educación emocional, terapia de pareja o resolución pacífica de conflictos.

“No vemos campañas educativas ni de orientación afectiva para las parejas. Lo que vemos es un discurso que señala y generaliza, que aleja más que une. Eso no ayuda a sanar ni a prevenir”, expresó una profesional del área de trabajo social consultada bajo reserva.

Otros opinan que, aunque es fundamental denunciar y sancionar la violencia, también lo es prevenirla desde la raíz con educación emocional, diálogo de pareja, cultura de paz y respeto mutuo desde las escuelas y medios de comunicación.

Piden al presidente Abinader evaluar cambios

Ante este panorama, sectores sociales y comunitarios han pedido al presidente Luis Abinader que considere realizar un cambio en la administración del Ministerio de la Mujer durante los movimientos que se contemplan para el mes de agosto.

Argumentan que la institución necesita un liderazgo renovado, capaz de diseñar e implementar políticas públicas más efectivas, inclusivas y humanas, que no se limiten a campañas de confrontación, sino que promuevan el amor, la mediación, el respeto mutuo y la educación emocional desde una visión de familia y sociedad.

¿Dónde está el enfoque humano?

Expertos en temas de familia señalan que los feminicidios son la expresión más extrema de un problema estructural que requiere un abordaje más amplio, que incluya hombres y mujeres, y no solo campañas de condena y sanción.

“No se trata solo de castigar al agresor cuando ya ha matado. Hay que intervenir antes. Hay que educar, orientar, conciliar. El amor, el respeto y la empatía no pueden quedarse fuera de la conversación”, apuntó un terapeuta familiar con más de 15 años de experiencia.

El llamado de diversos sectores es a que el Ministerio de la Mujer reevalúe su estrategia y que el Estado, como un todo, adopte una política integral de prevención de la violencia que incluya educación emocional, salud mental, orientación familiar y espacios seguros de mediación y apoyo.

Mientras tanto, el país continúa sumando víctimas, y con cada nueva tragedia, crece la sensación de que los discursos institucionales no están llegando donde deben: al corazón del problema.

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