Hace años, la civilización que vivimos hoy en Medio Oriente es muy distinta a la que inició con la Paz de Westfalia de 1648, y es por igual de distinta en Haití y República Dominicana. Los dos países que son afectados hoy fueron prisioneros: Israel como pueblo y los habitantes de la parte este de la isla “La Española” han mantenido conflictos con sus vecinos.
Hoy, estos pueblos afectados son más poderosos y viven una realidad distinta. Sin justificar lo que Israel está haciendo, es importante buscar la historia que ha tenido que vivir ese pueblo, en medio de pueblos hostiles a su presencia. Pero de fondo, su lucha es de otra naturaleza, porque es evidente que Israel, con apoyo o no de Estados Unidos, desde el 14 de mayo de 1948, ha instalado un modelo democráticamente estable; pero la realidad es que eso no se le debe imponer a los demás como una camisa de fuerza. Los vídeos que hoy vemos de la hambruna para el pueblo palestino son realmente muy crueles.
En La Española, la diferencia es de forma y de fondo, ya que en relación con la isla donde se asentó por vez primera la civilización europea, con Colón a la cabeza y con el pacto con los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, al final de la jornada se crearon dos naciones que, sin proponérselo, se fueron formando: costumbres, realidades y todo lo que diferencia a un pueblo de otro.
En el caso de Haití, desde que Boyer pudo unificar en su lado a las fuerzas vivas de esa nación, y viendo un ambiente favorable, inició un proceso de dominar la isla, complicado. Y es por eso que cuando pudimos tomar las decisiones de lugar para hacernos una nación libre en diciembre de 1821, en febrero de 1822 llegarían las tropas de Boyer a recibir las llaves que daban el poder de asumir, y que los dominicanos puedan asimilar este despropósito.
Se ha escrito mucho al respecto de estos problemas. Con solo 9 años cumplidos, ya el niño Juan Pablo Duarte vivía un proceso muy confuso en su quehacer: dejar las costumbres de criollo español de los territorios de ultramar. Somos pueblos diferentes, no tenemos nada que nos acompañe en costumbres y mucho menos. Pero la verdad es que tanto Haití como Palestina deben vivir un respiro de paz. No es posible que la comunidad internacional, viendo estos dramas que afectan a millones de seres humanos y que afectan, en el caso de la República Dominicana, su estabilidad como pueblo —ya que en el otro conflicto hay muchas más cosas en común— permanezca indiferente.
Hoy, para salvar la esperanza de cientos de vidas que no saben si verán el día de mañana, que no tienen claro si comerán alguna porción o ración de alimento, no es justo. Pero lo que no se puede ver como justo es que se quiera tratar el caso de Haití y el de Palestina de la misma forma. Haití necesita un plan transformador total y que se pueda llegar a la claridad fronteriza, y ser apoyado con un fondo en el que cada Estado aporte para su solución, donde Francia y Estados Unidos sean los que más deben aportar para dicho plan. De manera solidaria, China, India y Rusia, y lo mismo para la comunidad árabe, que se ha beneficiado coyunturalmente de este Estado débil. El caso de resolver lo de Haití es más fácil. Por lo tanto, vamos a ayudarlo y proponer soluciones a la comunicación internacional, ya que tenemos un precedente en Alemania y Japón.

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