¿Y la coherencia? Arzobispos integran Consejo y respaldan ley de juegos de azar en medio de dudas éticas

Santo Domingo.– La carta firmada por el Consejo Consultivo de la Lotería Nacional en respaldo al anteproyecto de Ley de Juegos, enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, ha reavivado un viejo debate en la sociedad dominicana: ¿es coherente que autoridades religiosas participen en la regulación de los juegos de azar?

La propuesta busca crear la Dirección General de Juegos de Azar, con el objetivo –según el documento– de garantizar “control, seguridad y transparencia” en el sector, además de aplicar sanciones a quienes violen las reglas del juego.

El respaldo fue comunicado formalmente a los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, Ricardo de los Santos y Alfredo Pacheco, respectivamente, mediante una carta fechada el 16 de junio y firmada por los miembros del Consejo.

Hasta ahí todo parece normal, si no fuera porque entre los firmantes figuran el arzobispo metropolitano de Santo Domingo, monseñor Francisco Ozoria, y el obispo de La Altagracia, monseñor Jesús Castro Marte, ambos figuras prominentes de la Iglesia Católica en el país.


¿Y la doctrina?

Aunque la Iglesia Católica no prohíbe del todo los juegos de azar, sí establece límites. El Catecismo dice que las apuestas son aceptables si no dañan al jugador ni a su familia, pero condena claramente los excesos, la adicción y el empobrecimiento que suelen generar.

Y la realidad dominicana es otra: en los barrios populares hay más bancas que colmados, y cada día miles de personas pobres juegan con la esperanza de resolver sus problemas, aunque la mayoría lo que hace es hundirse más.


¿Representan o contradicen?

Aquí es donde muchos se preguntan: ¿están los obispos cumpliendo su misión de pastores del pueblo o están legitimando un sistema que vive de la miseria?

“Lo que sorprende no es que se regule el juego, sino que se use la imagen de la Iglesia para avalarlo. Eso es delicado”, comentó un ciudadano en redes sociales.

Otros defienden la participación religiosa alegando que su rol es aportar equilibrio y ética. Pero para muchos, es difícil no ver una contradicción entre predicar contra el pecado del juego en el púlpito, y luego firmar documentos que lo regulan desde una comisión oficial.


¿Quién gana con esta ley?

El Consejo Consultivo dice que apoya la propuesta porque busca mayor transparencia y control. También resaltó que coincide con los esfuerzos del presidente Luis Abinader por institucionalizar el sistema.

Pero lo cierto es que este debate no es técnico ni legal, es moral. ¿Debe la Iglesia sentarse en mesas donde se reparte poder y dinero a costa de la ilusión de los más pobres?

Pedir a Dios que ilumine a los legisladores, como dice la carta, está muy bien. Pero muchos dominicanos también piden que Dios ilumine a quienes representan la fe, para que no terminen poniendo su sello a un sistema que, en el fondo, solo ofrece una falsa esperanza.

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