El pasado lunes 07 de octubre, la República Dominicana inició una nueva discusión que no puede tomarse mucho tiempo en discutir por varias razones: la primera es que esta Reforma Fiscal estaba latente y está atrasada desde el 2016, la segunda es que hacer una reforma perfecta no es posible, ya que todos los sectores que entienden que serán perjudicados tendrán argumentos de sobra para ser entendidos, y tercero es que la realidad internacional puede ser más perjudicial de no hacerlo con la premura que amerita esta acción que plante el gobierno de Luis Abinader en su segundo mandato.
La República Dominicana en el año 2012 aprobó la Ley 1-12 que se refiere a la Estrategia Nacional de Desarrollo, que como sabemos ya solo quedan los enunciados de la misma, por qué tanto los pactos que se debieron hacer como las líneas estratégicas de la misa ya están divorciadas al día de hoy en relación al año 2030, dónde podríamos ver su alcance desde su implementación, pero además de que la misma debieron hacerse unas acciones en los primeros años, que al momento de hoy a solo 6 años para culminar su implementación son letras muertas.
Una reforma fiscal permite dos cosas muy importantes: poder verificar que son las cosas prioritarias para nuestro desarrollo y cómo podremos disminuir nuestra capacidad de endeudamiento, cosa que en el mundo de hoy es relativa desde el punto de vista de las reglas de la economía política, pero que en el fondo nos ayudarán a tener una mejor forma de hacerle frente a nuestros principales problemas de infraestructura, sistema educativo, de seguridad y de salud del país.
En materia energética, donde nuestra matriz principal es completamente dependiente de los combustibles fociles y que no estamos sacando ningún provecho de nuestras condiciones geográficas y que son parte esencial en esta reforma desde el punto de vista de hacer reinginería en muchos temas alternativos de productividad de nuestra gente y en especial del bien más importante de una nación que son sus jóvenes.
La discusión inició para que los diferentes sectores puedan plantear opciones y que de una manera u otra puedan hacer algunos cambios a todo lo que tiene que ver con la elaboración de una reforma fiscal que ayude al país a poder enfrentar los desafíos inmediatos y del futuro que se nos presenta de inmediato, teniendo en cuenta que el entorno internacional de hoy está bastante brumoso.
Es importante que podamos todos hacer las sugerencias necesarias y con prontitud para que dicha reforma pueda tener efectos positivos en nuestra nación de manera general y que la misma pueda repercutir en mayor calidad de los servicios de seguridad, educativo, salud y sobre todo en la construcción de nuevas instalaciones deportivas y viales. Y que estos aportes fiscales sean para mayor beneficio a las personas vulnerables, y no que siga dando mayores beneficios a los que no aportan de manera clara en los indicadores sostenibles de nuestra economía.
El principal desafío de esta reforma es poder recaudar más y que tengamos la menor evasión posible de los pagos de los tributos. Pero si hay algo en lo que este pacto fiscal debe poner su mira sin importar quienes sean los afectados, son las penalidades a quienes no cumplan con los tributos al fisco nacional, ya que si es un crimen, la corrupción administrativa también lo es. Aprovecharse de no pagar los compromisos que son para el buen funcionamiento de una nación es parte de lo que nuestros legisladores deben tener muy pendiente, y muy en especial los oficialistas que son la mayoría y que pueden hacer de esta ley una realidad…

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