Roberto Monclús
La Ley de Cine ha sido un pilar fundamental para el crecimiento de la industria cinematográfica en la República Dominicana desde su implementación en 2010. Con una inversión extranjera de 100 millones de dólares y la creación de 25,000 empleos, esta ley ha impactado positivamente la economía y ha contribuido a la reducción del desempleo. Sin embargo, la reciente propuesta del presidente Luis Abinader de modificar esta ley amenaza con desmantelar estos logros.
La Ley de Cine no solo ha beneficiado a los profesionales del sector, sino que ha generado casi 400,000 empresas vinculadas directa e indirectamente a la industria. Esto ha fortalecido no solo la producción cinematográfica, sino también el turismo, dado que muchas filmaciones han impulsado la ocupación hotelera en el país.
A pesar de estos logros, Abinader parece dispuesto a sacrificar esta industria en su búsqueda de más de 25,000 millones de pesos anuales, fusionando agencias gubernamentales y afectando al Séptimo Arte. Esta medida no solo impactará a los trabajadores del cine, sino que también pondrá en riesgo un sector que ha demostrado ser una fuente importante de ingresos y empleo.
Hans García, presidente de Adocine, ha expresado su preocupación y propone un tope a los incentivos fiscales. Por su parte, Leo Silverio, escritor y productor, ha destacado el balance positivo que la Ley de Cine ha traído en sus 14 años de vigencia. Es esencial que los tomadores de decisiones reconozcan este impacto antes de llevar a cabo cambios perjudiciales.
Además, el publicista Charlie Núñez ha instado al gobierno a explorar otras fuentes de ingresos fiscales en lugar de poner en peligro la industria cinematográfica. La reelección presidencial no debería justificar la desmantelación de un sector que ha demostrado ser vital para la economía nacional.
Si don Luisito Martí, protagonista de la película «Nueba Yol», estuviera vivo, seguramente le preguntaría a Luis Abinader: «¿Qué pasó, Papo?».
Lo cierto es que no podemos permitir que la avaricia política sacrifique el futuro de una industria que ha brindado tantas oportunidades y ha puesto a la República Dominicana en el mapa global del cine. La Ley de Cine merece protección, no recortes.

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