EE. UU. podría convertirse en el segundo país más grande del mundo si logra el control de Groenlandia

Por Manuel Santos Mercedes


La renovada ofensiva del presidente Donald Trump por el control de Groenlandia reaviva tensiones diplomáticas y plantea un cambio histórico en el mapa global.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, volvió a poner sobre la mesa su ambición de que su país controle el vasto territorio de Groenlandia, una isla ártica autónoma bajo soberanía danesa. Si esta aspiración llegara a materializarse, Estados Unidos no solo ampliaría su influencia estratégica en el Ártico, sino que ascendería al segundo lugar mundial en superficie territorial, superando a Canadá y quedando únicamente detrás de Rusia en extensión de territorio.


Groenlandia, con alrededor de 2 millones de kilómetros cuadrados, representa una adición significativa a la superficie total de Estados Unidos, que actualmente es de unos 9,8 millones de kilómetros cuadrados. La incorporación de esta isla elevaría el territorio estadounidense a alrededor de 12 millones de km², colocándolo claramente por encima de Canadá, que ostenta actualmente el segundo lugar mundial con poco menos de 10 millones de km².


Trump ha justificado su insistencia señalando que el control de Groenlandia —ubicada en una región de creciente importancia geoestratégica— es vital para la seguridad nacional estadounidense, especialmente ante lo que describe como crecientes influencias de Rusia y China en el Ártico. Sus declaraciones recientes incluyen la posibilidad de imponer aranceles a países europeos que se opongan a su plan y la reiteración de que Estados Unidos debería asegurar el territorio “por las buenas o por las malas”.

Reacción internacional y rechazo


Pese a estas declaraciones, tanto las autoridades de Groenlandia como el gobierno de Dinamarca han rechazado de plano cualquier intento de ceder el control de la isla a EE. UU. Las principales fuerzas políticas groenlandesas han enfatizado que “no quieren ser estadounidenses” y que el futuro de su territorio debe decidirlo su propio pueblo.


La comunidad internacional ha expresado igualmente su rechazo. Varios países europeos emitieron comunicados de solidaridad con Dinamarca y Groenlandia, subrayando que cualquier intento de anexión violaría principios básicos de soberanía y de derecho internacional.


Implicaciones geopolíticas:
Además de las repercusiones sobre el mapa geográfico global, la controversia ha tensionado la relación entre Estados Unidos y sus aliados tradicionales. Países de la OTAN han incrementado su presencia militar en Groenlandia como muestra de apoyo a la defensa del territorio danés, y han insistido en la importancia del respeto a la soberanía y al derecho internacional.


Aunque la idea de que Estados Unidos llegue a controlar Groenlandia enfrenta un firme rechazo internacional y múltiples obstáculos legales, la sola posibilidad de que se concrete este objetivo ha generado un debate global sobre el equilibrio de poder en el Ártico y el orden mundial. Si alguna vez llegara a suceder, marcaría un giro histórico en el mapa político y geográfico del planeta al convertir a Estados Unidos en el segundo país más extenso del mundo por territorio.

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